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Necesidad creciente de energía

El consumo mundial de energía es muy desigual. Los países industrializados, en los cuales vive un 25% de la población mundial, necesitan casi el 75% de la energía disponible total. Una gran parte de la energía se produce a partir de combustibles fósiles, como carbón, petróleo y gas, cuya combustión produce anhídrido carbónico (CO2), responsable del efecto invernadero. Considerado a nivel mundial, desde mediados de los años 60 las emisiones de CO2 resultantes de la producción de energía se han más que duplicado. Responsables de esta situación son sobre todo los países industrializados. Así, por ejemplo, una persona de Estados Unidos produce el doble de CO2 que una de Alemania y 20 veces más que una de India.

Se estima que en los próximos 25 años la necesidad de energía a nivel mundial llegará incluso a duplicarse. Este aumento recaerá en buena parte en los países industrializados pero mayormente en los semi-industrializados de América Latina y Asia del Sur (China e India). El crecimiento de la población y la necesidad imperiosa de alcanzar un determinado nivel de desarrollo económico y social serán las causas de que en el futuro el consumo de energía aumente drásticamente.

Amenaza de cambio de clima

Sin ninguna duda es necesario, que en el futuro los países en desarrollo consuman más energía. Sólo así pueden encontrar un camino para salir de su pobreza. Paralelamente, sin embargo, se debe procurar que esto no aumente aún más la amenaza de un cambio de clima.

Especialistas climáticos del “Intergovernmenal Panel on Climate Change” (PCC) creen posible que hasta el año 2100 la temperatura promedio aumente entre un 1,4 y 5,8 grados celsio. Las consecuencias serían dramáticas: aumento de las zonas desérticas, sequías, tormentas y catástrofes por inundaciones. Y puesto que la población de los países en desarrollo sería la más afectada por esta evolución, la pobreza mundial se agudizaría. Por un lado porque la mayor parte de la población vive de la producción agrícola, por el otro porque las catástrofes naturales destruyen en minutos lo conseguido con mucho esfuerzo a lo largo de décadas. No por último, los investigadores temen que el efecto invernadero dañe la función de filtro que cumplen las diferentes capas atmosféricas, lo cual intensificaría la presencia de enfermedades.

El único camino para evitar que las generaciones futuras sufran catástrofes y enfermedades evitables, es que los países industrializados reduzcan masivamente sus emisiones de CO2.



 
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