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Participación en el "campo de tensión" entre Estado y sociedad civil

De hecho, hoy día existe un amplio espectro de posiciones que las contrapartes de MISEREOR adoptan en su relación con el Estado.

Es así que tanto se observa una gran disposición a cooperar con instituciones gubernamentales y participar en procesos de diálogo y concertación, como también situaciones y constelaciones muy conflictivas. Por una parte, la cooperación con autoridades e instancias estatales ofrece a las ONGs la posibilidad de incidir activamente en las políticas del Estado, promover y lograr una mayor participación de la sociedad civil en la implementación de programas gubernamentales y movilizar recursos económicos. Por la otra, con tal cooperación las ONGs corren el peligro de convertirse en “extensiones” de los gobiernos y en caso extremo terminar apoyando a gobiernos corruptos. Por ejemplo se corre el riesgo de que tales relaciones de cooperación entre actores de la sociedad civil y el Estado no se reflexionen y evalúen críticamente.

A su vez, la creación de estructuras participativas paralelas a las instituciones democráticas, que compiten (incluso legalmente) con estas últimas y las debilitan, tampoco es un camino sin dificultades. Por ello la participación de la sociedad civil debe realizarse en un diálogo permanente y crítico con el sistema parlamentario representativo. No obstante, el aprovechamiento consecuente de los espacios legales de participación (por ejemplo en instancias de planificación, control y decisión participativas) puede aumentar la eficacia del propio trabajo de desarrollo. Así y todo, una participación independiente y de igual a igual en procesos de negociación y de decisión a nivel comunitario, presupone organizaciones de base y actores de la sociedad civil que tengan un cierto nivel de consolidación. De no ser así las organizaciones y movimientos sociales se ven expuestos a intentos de manipulación y cooptación que podrían contribuir a su desmovilización y debilitamiento.

Por tal razón la presión de la sociedad civil y el trabajo de lobby por parte de las ONGs son frecuentemente necesarios para ampliar los espacios de participación ciudadana, influenciar la configuración de procedimientos participativos y difundir y legitimar nuevas formas de participación. No obstante, el protagonismo de las ONGs frente a los grupos de población pobres sigue siendo muy alto y con frecuencia no se logra integrar efectivamente los grupos y organizaciones de base en el diálogo y en las actividades de lobby o fortalecer sus propias actividades de cabildeo.

Contacto

Dr. Georg Stoll
Claudio Moser

 
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