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Recursos y Energía

La energía es vital. La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que hasta el año 2030 el consumo mundial de energía aumentará en un 40%. Las fuentes de energía y el consumo de la misma no están distribuidas de forma equitativa: mientras que gran parte de los yacimientos y superficies de producción se encuentran en países en vías de desarrollo, la mayor parte del consumo se da en los países industrializados y emergentes. En contraposición, en los países en desarrollo alrededor de 2.000 millones de personas no tienen acceso a la electricidad y la mitad de la humanidad (aproximadamente 3000 millones de personas) utiliza fuentes tradicionales de energía (por ejemplo leña).

¿Qué CONSECUENCIAS implica el acceso a fuentes de energía?
Las circunstancias que acompañan la producción de energía se pasan fácilmente por alto. En los países en vías de desarrollo la explotación de fósiles y de fuentes energéticas vegetales va unida con frecuencia a violaciones de los derechos humanos, desplazamientos forzados, pobreza creciente, conflictos violentos, destrucción del medio ambiente y cambio climático.

En el Golfo de Guinea la extracción de petróleo desde mediados de los años 50 ha llevado a la destrucción de grandes superficies y espacios tradicionales de vida y al descuido de la agricultura. Elites corruptas se enriquecen con los millonarios ingresos en dólares provenientes del petróleo, mientras que la mayoría de la población está obligada a vivir en extrema pobreza, sin un mínimo de infraestructura social, como atención médica y posibilidades de educación.

La explotación de uranio en la India contraviene en forma extrema los estándares vigentes de seguridad y medio ambiente, pese a las afirmaciones contrarias de la empresa operadora, la Uranium Cooperation of India limited. Por su parte, la Mines Monitoring Centre, organización contraparte de MISEREOR, habla al respecto de consecuencias drásticas: la contaminación del agua potable y de los suelos compromete severamente la seguridad alimentaria de la población, predominantemente indígena. La contaminación radioactiva del medio ambiente conduce a malformaciones, nacimientos prematuros y a un elevado riesgo de contraer cáncer. Las empresas mineras no advierten a la población local sobre tales amenazas. Para satisfacer la creciente demanda de energía atómica de India y del mercado mundial nuevas áreas son explotadas sin previa consulta y aprobación por parte de la población local afectada.

En Brasil la continua expansión de las plantaciones de caña de azúcar para la producción de etanol conduce a una nueva concentración de propiedades, elimina superficies para la producción de alimentos y disminuye las posibilidades de una verdadera reforma agraria en favor de los pequeños productores o de los sin tierra. Los bajos costos de producción resultan de condiciones de trabajo catastróficas y de bajos salarios para los cortadores temporarios de caña. La presión sobre regiones naturales ya amenazadas, como por ejemplo la región amazónica, crece constantemente.

A fin de posibilitar nuevas plantaciones de palmas de aceite para la industria del biodiesel de Indonesia, con frecuencia se expulsa violentamente a la población local, mientras que con la tala de los bosques se destruyen las bases tradicionales de existencia.

El enfoque de MISEREOR
En interés de una justicia ecológica y distributiva es imprescindible discernir quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores en la búsqueda de recursos energéticos y en qué se emplean los ingresos obtenidos de ellos. Misereor se compromete por una distribución justa y transparente de tales ingresos en favor de la lucha contra la pobreza y el desarrollo sostenible, sin destruir las bases naturales de existencia de la población local. Antes de implementar nuevos proyectos energéticos se debe obtener el consentimiento libre y fundamentado de las comunidades locales. Su derecho a rechazar proyectos que puedan violar sus intereses debe ser respetado. Aquellos que luchan contra la corrupción, las violaciones de los derechos humanos y la destrucción del medio ambiente resultantes de la explotación energética no deben sufrir discriminaciones o persecuciones. Finalmente, el paso a la sostenibilidad debe lograrse básicamente a través de un “cambio de rumbo en la energía” y una reducción masiva del consumo energético del Norte.
Para ello es indispensable una
reorientación de la política, de la economía y de las
expectativas de los consumidores.


 
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